Rusia refuerza su control de las regiones separatistas de Georgia.

 

A medida que el calor veraniego se extiende por el Cáucaso, va acompañado, una vez más, por los temores de guerra. Todavía están frescos los recuerdos del verano pasado, cuando, después de meses de meticulosa planificación, los carros de combate de Rusia atravesaron los territorios separatistas de Abjasia y Osetia del Sur y se adentraron en tierras de Georgia. Después de la retirada oficial, unas semanas después, las tropas rusas siguieron controlando (en violación del alto el fuego logrado con mediación de la UE) los dos territorios separatistas. Moscú reconoció estos últimos como Estados independientes y estableció bases militares permanentes en ellos.











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Dados los últimos acontecimientos, seguir las maquinaciones del Kremlin en el Cáucaso va a ser difícil. Recientemente, la misión en Georgia de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) terminó sus actividades y se llevó consigo a los últimos observadores que tenía en Osetia del Sur. El invierno pasado, Rusia consiguió vetar la continuación de la misión. A principios de junio, Moscú fue más allá y vetó que se prolongara la estancia de los observadores de la ONU en Georgia, que vigilaba la seguridad en Abjasia. Y Rusia se niega a permitir el acceso a ninguno de los dos territorios de la misión observadora de la UE que se creó tras la guerra del año pasado. Es decir, en la práctica, Moscú ha aislado los dos enclaves de la comunidad internacional, y ha impedido la vigilancia de las actividades rusas allí: acumulación de tropas, violaciones de los derechos humanos, contrabando y crimen organizado.

La principal pregunta hoy es si los dirigentes del ...