Un repaso a los pensadores con ideas innovadoras y audaces que han impedido que 2010 fuera una completa nulidad.

 

¿Ha habido este año alguna noticia que no fuera mala para los pobres? Las catástrofes naturales han parecido cebarse, de forma casi deliberada, con los más desposeídos del mundo, desde el terremoto en Haití hasta las inundaciones en Pakistán. Varios países, de los que menos pueden permitirse fracasos tienen sus esperanzas depositadas en los recursos minerales. Algo que, según la sabiduría popular, perjudica más que ayuda. Otros acuden al favor exterior o a las remesas enviadas por los emigrantes, pero éstas son cosas que escasean en un momento en el que nos enfrentamos a otro año más de pesimismo en las finanzas mundiales. Los recortes presupuestarios en los países ricos y unas reglas de inmigración cada vez más estrictas. Los pobres necesitan más ayuda de los gobiernos mundiales y de los grandes donante justo cuando la austeridad está volviendo a ponerse de moda.

Sin embargo, todas las malas noticias han ido acompañadas de otras sorprendentemente buenas. Impulsados por la necesidad de lograr más resultados con menos elementos, los innovadores más audaces del año han encontrados formas mejores y más sencillas de utilizar unos recursos cada vez más pequeños, para aumentar la calidad de vida en el mundo. Ideas como crear una demanda de desarrollo para que los pobres puedan ayudarse mejor a sí mismos y dar dinero directamente a quienes lo necesitan. Además de nuevas estrategias de medición y planificación que ofrecen información de mayor calidad y rapidez sobre qué ayuda necesita ir a cada sitio. Asimismo, este periodo de inseguridad global ha puesto en tela de juicio algunas viejas consignas, como que las fronteras nacionales que conocemos son buenas y que la riqueza ...