La comunidad internacional debe evitar que en Costa de Marfil se refuerce un régimen que dependa únicamente del presidente y priorizar la reconstrucción de un Estado fallido.

 

 

 









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Si la comunidad internacional decide apoyar el desarrollo económico y la democracia en Costa de Marfil, es imprescindible que se contribuya a reforzar el Estado, más que al régimen del presidente Ouattara. El país ha pasado de funcionar como un territorio viable –aunque autoritario— con Houphouet Boigny (mandatario desde la independencia en 1960 hasta su muerte en 1993) a ser calificado como frágil y fallido en los Índices realizados por el Banco Mundial, Foreign Policy y Brookings. Casi dos décadas de multipartidismo frustrado, un golpe de estado, división territorial, confrontación armada, ideología xenófoba y manipulación de parte de Laurent Gbagbo han dejado al país listo para un nuevo régimen: el apoyo internacional para consolidar a Alassane Ouattara en el poder el pasado abril (después de que ganara las elecciones en noviembre) estuvo muy bien, aunque tardó demasiado. Sin embargo, aparte de un nuevo dirigente, Costa de Marfil necesita un Gobierno competente con instituciones fuertes, incluido un Ejército único que garantice seguridad y estabilidad.

Ouattara se ha comprometido a reformar el cuerpo militar creando las Fuerzas Republicanas de Costa de Marfil (FRCM), y ya está barajando opciones de reorganización de mandos, formación, armamento y financiación con Francia, la Unión Europea, Estados Unidos y la Operación de Naciones Unidas en Costa de Marfil (ONUCI, por sus siglas en francés). Estos programas internacionales de Reforma del Sector de Seguridad podrían, sin embargo, desviarse para, en vez de reforzar el Estado, respaldar al régimen que ...