Los ciudadanos europeos cada vez creen menos en la UE, ¿cómo se puede recuperar ese apoyo? He aquí algunos consejos de lo que podría ser una Unión más participativa y democrática.

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Aunque nos duela, reconozcamos que desde el inicio de la crisis la UE pierde apoyo ciudadano en todos sus Estados miembros, incluidos los más europeístas, como España. Así lo dicen los sondeos y así lo percibimos todos los días.

Las razones son tres: la ineficacia y la tardanza de las medidas adoptadas para recuperar el crecimiento y la creación de empleo; la orientación única a la austeridad por la austeridad de tales medidas, que muchos identifican (con razón) como la causa del debilitamiento del modelo social europeo o, si se quiere, del Estado de bienestar y la forma en que son adoptadas las decisiones, percibidas como opacas e incluso contrarias a la soberanía y la democracia de los países miembros, sin un reequilibrio en la esfera europea en sentido contrario.

Así que conviene no engañarse: ese descenso solo se parará o revertirá si la Unión da un giro a sus decisiones frente a la crisis, tanto en los objetivos (entre los que la lucha contra el desempleo debería ser de verdad la prioridad de las prioridades) como en los contenidos (abandonando el dogma de la reducción del déficit público como la cura para todos los males y retornando a propuestas de carácter keynesiano).

Sobre esa base cobra sentido plantearse culminar la unión política federal en estos momentos, sabiendo que ni es una meta fácil ni se conseguirá pasado mañana. Lo que no es posible es tratar de seguir avanzando en unos terrenos sin hacerlos en otros, provocando un desarrollo desigual de la construcción europea: a cada paso en unión económica debería corresponderle uno similar en unión social y ambos, a su vez, estar enmarcados en el avance hacia la unión política federal.

Tal unión política debería verse plasmada en una Constitución Europea comprensible que sustituya los Tratados en vigor, como pretendió la Convención en 2003. Fracasaremos si seguimos careciendo de un texto corto y comprensible para la ciudadanía, en el que lo primero a recuperar sería la definición de la doble legitimidad de la UE: de la ciudadanía y de los Estados.

Con ese compromiso, lo esencial ya es perfeccionar el funcionamiento de la primera democracia supranacional que es la UE para promover la participación, el control y la transparencia en los procesos de toma de decisiones y garantizar la eficacia en la adopción y aplicación de las mismas.

Así se señala en el II Informe sobre el estado de la Unión Europea. El fracaso de la austeridad, elaborado en esta edición por la Fundación Alternativas y la Friedich-Ebert-Stiftung.

Podriamos diseñar un posible perfil de la unión política en ocho rasgos a través de propuestas que en algunos casos no requerirían una modificación de los Tratados en vigor y en otros sí, para lo ...