¿Existe algo más global que el fútbol? Las
grandes estrellas del balón y los clubes no conocen fronteras, los equipos
míticos ingresan dinero en sus arcas en cualquier moneda y millones de
aficionados aclaman a sus ídolos en tantas lenguas que sería imposible
enumerarlas. Pero este deporte refleja mejor los límites de la globalización
que sus posibilidades.


Nos encontramos ante dos acontecimientos que profetizan el Apocalipsis o que
presagian, tal vez, la salvación mundial? Durante el Mundial de 2002,
el centrocampista inglés David Beckham llevaba un corte de pelo al estilo
mohicano. Casi de manera instantánea, los adolescentes japoneses invadieron
las calles con una especie de cresta y la cabeza rapada, y, según la
revista japonesa Shukan Jitsuwa, las ejecutivas llegaron incluso a recortarse
el vello púbico de la misma manera como homenaje. En Bangkok (Tailandia),
los monjes budistas de Pariwas colocaron una escultura de Beckham en un lugar
reservado para representaciones de deidades menores.






Ilustración de futbolista golpeando pelota de fútbol

No debería sorprender a nadie que este londinense de familia obrera
haya destronado a Michael Jordan, icono del baloncesto, como celebridad mundial
del deporte. En definitiva, el fútbol es la institución más
globalizada del planeta, más que el baloncesto e incluso más que
el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las fronteras nacionales se habían quedado
estrechas para el fútbol. Mientras el estadista Robert Schuman soñaba
con un mercado y un gobierno comunes en Europa, los clubes europeos ya estaban
forjando esa unión. Los mejores equipos empezaron a competir entre ellos
en campeonatos transnacionales que se celebraban con regularidad y que se convirtieron
en el embrión
de acontecimientos tan conocidos hoy como la Liga de Campeones y la Copa de
la UEFA (Unión Europea
de Federaciones de ...