Tras décadas paralizada por el recuerdo de los Jemeres Rojos, los camboyanos reclaman cambios reales.

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En Camboya, aún recuerdan con escalofríos la última vez que la población apoyó con fuerza un movimiento de oposición política. Fue en los años 70, cuando el grupo comunista de los Jemeres Rojos se opuso al golpe de Estado liderado por el general Lon Nol que había depuesto al respetado rey Sihanouk. Tras cinco años de conflicto civil, la guerrilla de Pol Pot llegó al poder entre vítores de la población durante los primeros días, pero comenzó enseguida uno de los periodos más negros de la historia del país: durante los 3 años y 8 meses siguientes morirían por hambre, enfermedades o ejecuciones al menos 1,7 millones de personas, cerca de un cuarto de la población total.

Este recuerdo ha paralizado durante más de tres décadas a los camboyanos, que ha evitado dar alas a cualquier tipo de confrontación política. Un miedo que ha permitido a Hun Sen convertirse en uno de los jefes de Gobierno con más años de servicio del mundo y mantenerse como primer ministro durante los últimos 28 años, ya fuera a través de comicios o de golpes de Estado. Pero las elecciones celebradas el pasado 28 de julio, que la oposición y observadores independientes tildaron de manipuladas, han sido el detonante de toda la rabia contenida en la población que ha salido a protestar por los resultados electorales. “Yo soy la primera sorprendida. Ha habido mucho miedo durante los últimos años por el trauma de los Jemeres Rojos”, asegura la analista política Chea Vannath.

Ya se habían dado, sin embargo, algunos avisos. Durante los últimos dos años, el número de protestas ha crecido de forma paulatina en el país. “Han sido muchos años de grandes violaciones de los derechos humanos, de corrupción y de disparidad entre ricos y pobres” asegura Ou Virak, presidente del Centro Camboyano por los Derechos Humanos (CCHR en sus siglas en inglés). Las expropiaciones de tierras para otorgar concesiones a empresas camboyanas y extranjeras, que, según la ONG Licadho, han afectado a unas 400.000 personas, han sido el principal motivo de descontento. El enriquecimiento de algunos grupos cercanos al Gobierno y la gran corrupción de los órganos estatales, fundamentalmente la policía y el sistema judicial, son otros de los ingredientes del enfado de la población.

 

La vuelta de Sam Rainsy

La mecha final fue el regreso de Sam Rainsy, el principal opositor, tras cuatro años de exilio voluntario para evitar una pena de cárcel por cambiar las fronteras en un mapa de Camboya. En un intento de ganarse el beneplácito de la comunidad internacional, el Gobierno aceptó que se concediera a Sam Rainsy un perdón real y que regresara al país, aunque no se le permitió presentarse directamente a las elecciones. Sin embargo, las promesas de su formación política, el Partido por el Rescate Nacional de Camboya (Cambodia National Rescue Party en inglés), ...