La economía iraní entre sanciones internacionales y recortes internos.














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La ola de cambio en el mundo islámico ha llegado en el peor momento para Irán. El aislamiento internacional que sufre el país por su programa nuclear ha golpeado significativamente a todo su sistema económico. Así, con un humor social poco proclive al Gobierno, con una oposición agazapada y una economía en crisis, los iraníes han visto lo sucedido en Túnez y en Egipto: la receta para la tormenta perfecta.

En cuanto a las sanciones internacionales impuestas por Naciones Unidas, desde Teherán afirman que las mismas no han generado ningún impacto significativo pero la realidad indica que la economía del país no pasa por buenos momentos. El Banco Central de Irán no publica desde 2008 el índice de crecimiento económico, sin duda porque tales datos mostrarían que la situación se separa de las auspiciosas estimaciones oficiales. Para el Banco Mundial, el volumen de la inversión externa ha caído hasta 2,9 billones de dólares en 2010 (unos 2000 millones de euros) y se espera que alcance 1,2 en 2011. Sin inversión y sin tecnología, disminuyen las posibilidades de explotar las inmensas riquezas de gas y petróleo que constituyen el 80% de los ingresos de Irán. El National Intelligence Estimate que se ha actualizado para el Congreso de EE UU en esta semana, afirma que incluso en el seno del régimen iraní hay divisiones acerca del futuro del programa nuclear debido al impacto de las sanciones internacionales.

La solución, para el Gobierno de Mahmud Ahmadineyad, ha sido la de eliminar de forma escalonada el amplio programa de subsidios estatales para ahorrar los 100 billones de dólares anuales que cuestan al Estado ...