La todopoderosa presidenta de Argentina es la que ordena y manda en el país, sus ministros son su brazo ejecutor y el que esté en su contra está “en el horno”.

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“Es la versión femenina de Hugo Chávez”

Sí y no. Los parecidos son más que razonables pero no son lo mismo. Él es un militar de formas y de espíritu. Su último gesto político, antes de irse a operar a La Habana, fue colocar a algunos de sus compañeros de armas en puestos clave de la Administración central y de las provinciales. Las Fuerzas Armadas para él son una pieza determinante en el permanente proceso de construcción y mantenimiento del movimiento bolivariano. La presidenta de Argentina, por el contrario, no tiene en alto aprecio al Ejército. Su desconfianza y reproche tienen origen en los años de plomo de la última dictadura militar (1976-83), aunque los efectivos que siguen en actividad de aquella época representan un porcentaje simbólico frente a las nuevas generaciones. La institución militar argentina dispone de un presupuesto esquelético pero, en rigor, el primero en desarmarlas económicamente fue el ex presidente Carlos Menem en los años 90. Con este Gobierno, en un hecho insólito, agentes de los cuerpos especiales de la Gendarmería y la Prefectura (Guardacostas) se atrincheraron, de forma pacífica, como medida de presión para que les subieran el sueldo y éste fuera en blanco.

Hugo Chávez, a diferencia de Cristina Fernández de Kirchner que lo hizo, sería incapaz de impulsar una ley de matrimonio igualitario. Ni hablar de dar un paso para incorporar una legislación como la de Argentina que permite a los transexuales -tanto si están operados como si no-, elegir el sexo en el Documento Nacional de Identidad. Pero ambos están de acuerdo ...