Las guerras internas, los desafíos y el futuro de la organización que aglutina a los amos del petróleo.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) tiene mala fama, herencia de una historia plagada de decisiones equivocadas, desde injerencia política para castigar a Israel hasta la mala gestión de mercados de crudo que catalizaron varias fluctuaciones muy dañinas para la economía global. Desde hace un tiempo su protagonismo ha disminuido, aunque el cártel sigue y seguirá jugando un papel fundamental en la economía mundial.

AFP/Getty Images
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“La OPEP manipula los precios”


En el sentido muy literal, sí. Pero no con la finalidad egoísta de aumentarlos. La misión de este cártel es coordinar la producción de sus países miembros para “estabilizar los mercados de petróleo” y así lograr garantizar a los consumidores un suministro estable y eficiente, a los productores un ingreso seguro y a los inversionistas una rentabilidad justa. En la práctica, la OPEP acuerda la producción total de crudo de sus miembros, que equivale más o menos a un tercio del suministro global, o sea, unos 30 millones de barriles al día. Y luego acuerda cuotas de producción para cada país. Los precios internacionales, como los de cualquier mercado, oscilan de acuerdo a la oferta y demanda y, por tanto,  las decisiones de la OPEP y su cumplimiento seguirán determinando gran parte del mercado.






Su gestión e incumplimiento de cuotas, sin embargo, han causado grandes desajustes de la economía global a lo largo de la historia, a veces produciendo mucho y a veces muy poco, por lo que con los años ha aprendido a las malas que sus intereses económicos están mejor protegidos con un crecimiento económico global sostenible, lo cual implica precios en un rango asumible para ambos lados.



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