Chandan Khanna/AFP/Getty Images

La prolongación del conflicto es también fruto de las posturas de los actores regionales e internacionales implicados.

Tras más de tres semanas de hostilidades el Gobierno Israelí y el movimiento islamista Hamás parecen incapaces siquiera de alcanzar un frágil acuerdo de tregua, en línea con el alto el fuego humanitario inmediato y sin condiciones que les reclamaba el Consejo de Seguridad de la ONU. El máximo órgano de decisión de Naciones Unidas, en una declaración acordada por unanimidad de todos sus miembros, ha llamado además a las partes a trabajar para lograr un acuerdo de paz que detenga la violencia de forma duradera basado en la propuesta planteada por Egipto.

Sin embargo, la propuesta de tregua egipcia no parece contar el beneplácito de todos los actores implicados, comenzando por Hamás, que piensa que el nuevo presidente Abdel Fatah el Sisi se ha alineado con Israel y quiere acabar con el movimiento islamista radical, de la misma forma que ha hecho en su país con los Hermanos Musulmanes. Desde el primer momento, los dirigentes de Hamás han interpretado el documento egipcio como un non-starter, al imponer unas condiciones que beneficiaban más los intereses israelíes que los gazatíes. Sin embargo, la propuesta contaba con la aquiescencia de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y de Jordania.

De la misma forma, la contra-propuesta de tregua presentada por Catar y Turquía ha sido rechazada por el Gobierno israelí, desde cuyo punto de vista ambos Estados apoyan descaradamente a Hamás. La contraposición de propuestas e iniciativas diplomáticas –como la reciente cumbre de París, en la que choca que Egipto y la ANP, sin duda interlocutores principales para encontrar una solución al problema, estuvieran ausentes– muestra cómo la prolongación de las hostilidades no es sólo fruto de factores endógenos al conflicto, sino también ...