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Ahora podemos intuir cómo será el futuro. La crisis ha acelerado la globalización y estamos inmersos ya en un nuevo periodo. La pujanza de los BRIC compite con el crecimiento del doble MIT (México, Indonesia, Turquía y Malasia, India y Tailandia) y otros tantos acrónimos. En ellos se ubican el 25% de las principales compañías globales, 16 de las 20 mayores ciudades del mundo y alrededor del 1% del PIB mundial. Hay que abandonar la idea de economía emergente: ya son responsables de la mayor parte del crecimiento de los flujos comerciales. Entiendo que ése es The New Normal del que se habla.

Todo ha cambiado en la política internacional. Bueno, todo salvo la función fundamental de las relaciones internacionales: la diplomacia. Por su naturaleza y su vinculación a los Estados, es una actividad conservadora en sus principios y sus prácticas. Cuesta innovar con herramientas pensadas para un mundo bipolar y con superpoderes que creen entenderlo todo a través de las escuchas. Pero el nuevo entorno estratégico requiere una revisión profunda, que dé respuesta a los cambios producidos en el ecosistema de las relaciones internacionales.

La soberanía ya no es un asunto exclusivo de los Estados ni la condición exclusiva para participar en las decisiones. El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Europa, el rol de las ciudades y las regiones o el desempeño de las grandes corporaciones son muestras de esa transformación. Nadie quiere quedarse fuera de la arena internacional. Por eso, ha crecido la diplomacia red, que complementa la diplomacia de club. En ésta se entra por invitación, mientras que en aquella emplea los resortes ...