Qué oportuno que Robert Kaplan (‘La venganza de la geografía’, FP EDICIÓN ESPAÑOLA, junio/julio, 2009) nos recuerde el mensaje de Halford Mackinder en ‘The Geographical Pivot of History’ (‘El pivote geográfico de la Historia’). Kaplan cita acertadamente la opinión de Mackinder de que el hombre inicia y la naturaleza controla, pero luego tacha a Mackinder de determinista. Desde luego, no fue un determinista ambiental en el sentido del término a principios del siglo XX.

Mackinder pensaba que la gran estrategia se desarrollaba en un tablero antiproporcionado por la naturaleza: la distribución de los océanos, las masas de tierra y las vías naturales de comunicación. El espacio podía ver alterada su importancia por la tecnología, sobre todo los ferrocarriles, que Mackinder consideraba, equivocadamente, que iban a cubrir el interior de Asia y aumentar la movilidad del poder del eje (casi acertó: salvo que fue el poder aéreo).

La obra de Mackinder nunca se ha abierto hueco en el canon de la literatura de las relaciones internacionales, pero los estudiosos parecen volver a ella cada pocos años. ¿Por qué ese interés permanente? La respuesta, en parte, es que su argumento sólo pueden probarlo los hechos, y su artículo contiene elementos intuitivos y proféticos. Los matices de su texto permiten que los comentaristas propongan muchas interpretaciones, y eso ayuda a entender por qué cada generación redescubre a Mackinder.

  • BRIAN BLOUET
    Titular de la cátedra Huby de Geografía y Educación Internacional, College of William and Mary,
    Williamsburg, Virginia, EE UU   

 

Kaplan hace bien en recordar al lector las oportunas obras geopolíticas de Braudel, Mahan, Mackinder y Spykman, y en general estamos de acuerdo con él; aunque su tesis, en ocasiones, lleva el determinismo geográfico demasiado lejos.

Sólo nos gustaría que hubiera más ...