The Imitation Game es un film vibrante y bien pulido con errores históricos que harían revolverse al matemático británico en su tumba.

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Una imagen de pantalla del actor Benedict Cumberbatch en la película 'The Imitation Game'. Kevin Winter/Getty Images

Nadie que vea esta película sin leer los libros en los que supuestamente se basa podrá conocer, realmente, la personalidad y los logros de su protagonista cuando se levante de la butaca del cine. Eso, por supuesto, no quiere decir que no vaya a disfrutar de casi dos horas de emociones, excelentes interpretaciones, un buen argumento y héroes solitarios. Pasará una buena tarde de cine con el primo lejano de Alan Turing.

Hay un aspecto muy interesante en la polémica que se ha desatado y sólo se ha sugerido de pasada: es posible que los guionistas, los productores y el director fueran conscientes de sus lagunas y patinazos y que hundieran de todos modos los pies en los charcos de barro con la misma intención y disfrute que cualquier niño en estas fechas. Dicho de otra forma, tal vez no sean fallos sino la pura y simple necesidad de justificar sus propias ideas sobre la vida haciendo, eso sí, que las defienda por ellos una cuidada selección de mentes brillantes. Así es cómo la verdad del asombroso matemático y su biografía se habrían puesto al servicio de prejuicios sobre la autoridad y la disciplina, los genios, la forma en la que progresa la ciencia, la homosexualidad en los años del plomo (cuando estaba penada por la ley y denostada socialmente) y el papel de la mujer antes de la revolución sexual.

 

La autoridad siempre es estúpida

Alastair Denniston, el comandante y director del programa en el que se inscribe el grupo al que pertenecía Alan Turing en Bletchley Park, encarna ...