Una política monetaria más expansiva podría impulsar la recuperación de la eurozona.

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El valor del euro es un tema de debate constante en los círculos políticos europeos. Ese debate sigue siempre el mismo modelo: los franceses o los italianos protestan por la fortaleza de la moneda porque perjudica a sus exportaciones; los alemanes rechazan sus alegaciones; el Banco Central Europeo (BCE) asegura que no se propone conseguir ningún valor concreto para el euro, porque su responsabilidad se limita a la estabilidad de precios; y los comentaristas internacionales indican que la eurozona es demasiado grande para desarrollar una estrategia basada exclusivamente en las exportaciones. Todos tienen algo de razón. Ahora bien, para impulsar una recuperación más amplia en la eurozona es necesaria una política monetaria más expansiva, en parte fomentando las exportaciones mediante un tipo de cambio inferior. No es una estrategia mercantilista, porque las importaciones también crecerán, sin duda, cuando se recuperen las rentas. La caída de 1,37 dólares a principios de julio a 1,27 dólares en estos momentos es un buen comienzo, pero el BCE debe tomar medidas drásticas e innovadoras para rebajar el tipo aún más e iniciar una verdadera recuperación.

Una de las grandes ventajas de tener una divisa nacional es que, en periodos de debilidad económica, se devalúa y favorece las exportaciones. Esas devaluaciones no suelen ser el objetivo fundamental de las autoridades monetarias, sino un efecto secundario de una política monetaria más acomodaticia (o la perspectiva de que vaya a aplicarse): el banco central rebaja los tipos de interés, lo cual empuja a los inversores a buscar activos de rendimientos más altos en el extranjero, y eso debilita la moneda. Además de su efecto sobre las exportaciones, esa moneda debilitada suele generar también más inflación, porque las importaciones -por ejemplo, la energía- se encarecen. ...