Casco ucraniano en una minería en Enakievo, Ucrania. (Andrew Burton/Getty Images)
Casco ucraniano en una minería en Enakievo, Ucrania. (Andrew Burton/Getty Images)

La pregunta ¿hay que armar a Ucrania? Es incompleta, o al menos parcial. La verdadera cuestión debería ser, ¿cuáles serían las consecuencias de armarla? Y quizás se podría ser más concreto y preguntarnos: ¿Rusia se verá disuadida de ir más lejos, sabiendo que los costes que acarreará el no tener a Kiev bajo su control serán muy altos estratégicamente? Vladímir Putin conoce su superioridad militar en el terreno ¿se retirará ante una amenaza de la OTAN? O ¿lanzará un mayor ataque expansivo?

Las respuestas a estas preguntas pueden ser distintas en función del interlocutor, pero en lo que parece que todos los analistas están de acuerdo es en que el conflicto de Ucrania no se resolverá dando más armas a Kiev ya que este asunto sólo provocaría un recrudecimiento de conflicto. Esto ya lo conocen las autoridades ucranianas y, sin embargo, animadas por Washington y otras capitales del Este europeo, no cesan en su empeño de pedir armas para su Ejército. El presidente Poroshenko, a pesar de haber firmado hace apenas un mes el Acuerdo de Minsk II, pide armas y además se reúne con empresas de armamentísticas americanas en Abu Dhabi y con representantes del Pentágono, algo que parece absolutamente contradictorio.

Cuatro argumentos pueden ayudar al debate y la reflexión en este sentido:

Ucrania nunca podría ganar una guerra convencional contra Rusia. No ha modernizado suficientemente su Ejército, ni suministros, ni armamento, mientras que Moscú sí lo ha hecho… Incluso en el caso de que se le proporcionara armamento y nuevos dispositivos desde terceros países, sería poco probable que se pudiera ganar una guerra de estas características. Como hemos presenciado en la batalla de Debaltzevo el Ejército ucraniano no tiene capacidades humanas ni técnicas para enfrentarse a ...