© Zerophoto. Fotolia
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España debe especializarse en política exterior. He aquí cuatro ideas en las que el país podría marcar una diferencia en el mundo.

Sr. Presidente:

La política exterior se ha colado en su campaña sin que lo tuviera previsto. La crisis de los refugiados, primero, y la respuesta a los atentados de París, sobre todo, le han obligado a explicar a la opinión pública cuál es su postura –la de su partido – sobre los modos y el alcance de la lucha contra Daesh, sobre cómo articular la solidaridad europea y hasta sobre el mismo concepto de qué es la guerra en el siglo XXI.

Así que, le entusiasme o no, va a tener que dedicar atención a estos temas desde el primer día de su mandato. No estaría mal, por otra parte, que aprovechara esta oportunidad para devolver a la gestión de las relaciones exteriores el papel que le debería corresponder en un país como el nuestro.

Es evidente que la política exterior española está determinada por nuestra situación geográfica, nuestros lazos históricos y nuestra pertenencia a un conjunto de organizaciones internacionales, muy especialmente a la Unión Europea y la OTAN. La recién estrenada Estrategia de Acción Exterior –¡con lo que ha costado llegar a tenerla! – aspira a marcar las líneas principales, pero su concepción es tan amplia que cuesta ver a menudo su auténtica orientación estratégica. De modo que, sin dejar de atender las obligaciones derivadas de todas nuestras circunstancias, si España quiere realmente recuperar peso internacional y adoptar una postura moderna de cómo estar en el mundo, debería especializarse en uno o unos pocos campos y tratar de liderar o de situarse en una posición destacada en el debate global sobre esas materias.

Es lo que han hecho países que no son grandes potencias, ...