Con el nacimiento de este nuevo foro, América Latina y el Caribe tratan de establecer un debate y coordinación de acciones entre los países de la región. Sin olvidar la interacción con Estados Unidos, la Unión Europea y China. ¿Será viable este proyecto?

 

 









cecal
JUAN BARRETO/AFP/Getty Images

 

 

La III Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC), al que no asistieron los gobernantes de Costa Rica, El Salvador y Perú, ha concluido con la aprobación de un conjunto de 19 resoluciones sobre temas como asuntos de seguridad, democracia y orden constitucional, así como cuestiones sociales, de derechos humanos y de diferendos territoriales, y la Declaración de Caracas sobre la CELAC, una nueva iniciativa, principalmente venezolana, que responde a un reacomodo de fuerzas políticas y económicas en el hemisferio, a los retos y desafíos que enfrenta la Organización de Estados Americanos (OEA) y a la dinámica de integración regional que se ha construido en las pasadas dos décadas.

CELAC nace en un complejo entorno latinoamericano y caribeño, por lo que es necesario contextualizar este proceso, a fin de considerar su viabilidad como foro de debate y coordinación de acciones entre los países de la región. Sin olvidar la interacción con Estados Unidos (EUA) y en menor medida con la Unión Europea (UE) y China.

La dinámica latinoamericana

El escenario latinoamericano y caribeño se caracteriza por una compleja y diversa geometría integracionista, que en algunos casos –particularmente el centroamericano y andino– se fundamentan en una especie de integración regional a la carta. Existe una larga lista de esquemas y foros de integración que responden al juego geopolítico regional y a la persistencia de los intereses y las cosmovisiones doméstico-estatales que enfatizan más la perspectiva particular y no la construcción de identidades regionales.

Hoy esa dinámica regional se caracteriza por la presencia de un líder especial en la zona con proyección global: Brasil –que adoptó una política exterior de hegemonía consensual–; seguido, a distancia, por un México cuya proyección allende sus fronteras se ha visto disminuida, notablemente, por los problemas internos que enfrenta y que le hacen volver su mirada a otras prioridades. Detrás de esos dos gigantes latinoamericanos se ubica una segunda categoría de potencias intermedias con muy diferentes estilos y propósitos, pero en general buscando consolidarse como líderes en la zona, aunque con igual complejidad en sus retos y desafíos internos: Argentina, Chile, Colombia y Venezuela (en este caso más por el proyecto del presidente Hugo Chávez que por una cuestión de la sociedad venezolana). En una tercera categoría aparecen tres países que han intentado tener una visibilidad regional para impulsar sus proyectos individuales: Bolivia, Cuba y Ecuador. Y finalmente el resto son naciones, en su mayoría, frágiles y vulnerables.

De igual manera hay un amplio horizonte en cuanto a planteamientos políticos, desde lo que Jorge Castañeda denomina una “izquierda retrógrada y populista” ...