niños y niñas peruanas en el patio de una escuela donde se imparten las clase en español y lengua de su región. Ernesto Benavides/AFP/Getty Images

Ni siquiera las lenguas más habladas, como el quechua o el aymara, tienen garantizadas la supervivencia. La región lingüísticamente más diversa del mundo afronta el reto de revitalizar un patrimonio cultural que, como indican las voces expertas, tiene un valor incalculable para la humanidad.

Tan solo cinco personas hablan a día de hoy la lengua zápara, considerada Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco desde 2010. Todas superan los 80 años. En esta comunidad indígena de la Amazonía ecuatoriana, revitalizar el zápara, que ha sido desplazado por el castellano y el kichwa, se torna una tarea urgente. Es una de las 70 lenguas indígenas latinoamericanas que están clasificadas en peligro crítico.

Pese a que los lingüistas reconocen que es muy difícil determinar a nivel técnico qué es una lengua y qué una variante de una lengua, coinciden en afirmar —aunque no exista un recuento concluyente— que América Latina es el hogar de alrededor de un tercio de las familias lingüísticas del planeta. Según la Unesco, en el mundo se hablan alrededor de 6.000 idiomas, más de 2.500 están en peligro de desaparecer.

En América Latina existen 731 lenguas indígenas en peligro, según The Catalog of Endangered Languages (ELCat), una institución referente en esta materia. Al menos el 30% del total están amenazadas, ya que solo cuentan con entre 1.000 y 9.999 hablantes. Pero hay otras como el Zapoteco del Istmo, que se habla en el mexicano estado de Oaxaca que, pese a que tiene cerca de 100.000 hablantes y es considerada una de las 132 lenguas vulnerables, se enfrenta a amenazas muy similares que otras más minoritarias.

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