Rebeldes y soldados sirios respaldados por Turquía se preparan para quemar la bandera de las Unidades de Protección Popular kurdas (YPG) en la monte Barsaya, en la frontera entre Siria y Turquía. (Saleh Abo Ghaloun/AFP/Getty Images)

En las costosas y nuevas batallas entre Turquía y las fuerzas kurdas en el noroeste de Siria es probable que no haya un vencedor. Las tropas turcas se enfrentan a una población hostil y un territorio montañoso que favorece a sus enemigos, rebeldes forjados en el combate. Además, la ofensiva añade más presión a la ya tensa relación entre Turquía y Estados Unidos, su principal aliado estratégico.

Hace mucho tiempo que se esperaba un ataque turco contra las Unidades de Protección Popular kurdas (YPG, por sus siglas en kurdo), la filial siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Para la mayoría de los observadores, la duda no era si se produciría, sino cuándo, dónde y en qué circunstancias.

Ya tenemos las respuestas. Turquía ha lanzado una ofensiva por aire y por tierra contra el enclave de las YPG en Afrin, en el noroeste de Siria, aprovechando una incendiaria declaración de Estados Unidos, posteriormente rectificada, sobre la cooperación entre Washington y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) dirigidas por las YPG.

Lo más probable es que la batalla sea costosa para ambos bandos y no decida nada. Ya supone un tremendo quebradero de cabeza para Washington, su común aliado y está causando enormes problemas en la relación de Turquía, miembro de la OTAN, con Estados Unidos. Si las partes implicadas no modifican sus estrategias, incluido el regreso a un proceso de paz más amplio para resolver las décadas de rebelión del PKK en Turquía, es posible que esta batalla sea además el preludio de cosas peores.

Las tensiones entre Ankara y Washington están ...