Mujeres paquistaníes pasean en la ciudad de Lahore. Arif Alí/AFP/Getty Images
Mujeres paquistaníes pasean en la ciudad de Lahore. Arif Alí/AFP/Getty Images

La oposición generada por la aprobación de una ley contra la violencia de género en el país pone de manifiesto el largo camino que queda por recorrer a las mujeres paquistaníes.

En febrero pasado, el Parlamento del estado de Punjab, el más poblado de Pakistán, aprobó la Ley para la protección de las mujeres contra la violencia. A grandes rasgos, esta ley supone un paso adelante en la lucha contra la violencia de género y ofrece las garantías que puedan contemplarse en normativas similares en Occidente.

La nueva legislación ofrece una protección legal a las mujeres contra la violencia sexual, psicológica o doméstica, sin precedentes en Pakistán. Además, contempla la creación de un teléfono de denuncia gratuito, similar al 016 español, y el establecimiento de alojamientos provisionales para mujeres víctimas de abusos.

Desde el primer momento, la aprobación de la ley ha estado sujeta a controversia. Por parte de los partidos religiosos, como era de esperar, la condena ha sido unánime. Una conferencia de los mismos, encabezada por el Jamaat-e-Islami y el Jamiat-e-Ulema Pakistan (Fazl), considera que la ley va en contra no solo de la sharia o ley islámica, sino también de la ideología de Pakistán y de su Constitución.

Los partidos religiosos denuncian que la ley aumentará el divorcio y dañará la familia tradicional, y creen que se trata de un intento de occidentalizar el país. Afirman que se opondrán a cualquier intento de hacer de Pakistán un Estado liberal o secular. El propio Consejo de la Ideología Islámica, un órgano asesor del Gobierno que aconseja sobre la compatibilidad de las leyes con el islam, ha anunciado que la ley es antiislámica.

Más allá de la esperada oposición por parte de los partidos religiosos, ...