De izquierda a derecha, el Primer Ministro italiano, Paolo Gentiloni, el Presidente español, Mariano Rajoy, el Presidente francés, Emmanuel Macron y el Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker en una rueda de prensa, julio de 2017. John Macdougall/AFP/Getty Images

El binomio franco-alemán ha ejercido tradicionalmente de motor de la construcción europea, si bien, a menudo, este tándem ha sido compensado por la influencia ejercida por el Reino Unido. ¿Qué nuevas dinámicas de poder pueden surgir entre los Estados miembro con la salida británica del tablero? ¿Auguran las recientes iniciativas lideradas conjuntamente por Francia, Alemania, Italia y España (cumbres informales, propuestas para una economía digital) la aparición de un novedoso cuarteto? ¿Estará más alineado este nuevo eje de poder con los intereses y preocupaciones sureños?

Uno de los aspectos más obviados del impacto del Brexit es la redistribución de poder entre los Estados miembro de la Unión Europea, consecuencia inevitable del mutis de los británicos. Aunque el Reino Unido no fuera un miembro fundador de la UE, desde su adhesión en 1973 ha obrado un papel clave en la dirección tomada por el conjunto de la Unión.

Las buenas relaciones entre Francia y Alemania han sido históricamente la condición sine qua non de la construcción europea. Habiendo perdido millones de ciudadanos en las tres últimas guerras que los enfrentaron (la de 1870, la Primera y la Segunda Guerra Mundial), el único modo de alcanzar una paz duradera entre estos enemigos tradicionales ha sido el de convertirse en estrechos colaboradores. Los padres fundadores de la UE pensaron que la paz solo sería posible si se forjaban sólidos lazos económicos entre estos dos países. De esta manera, se decidió unir los mercados francés y alemán del carbón y el acero, imprescindibles para las industrias del armamento. Aunque Italia y el Benelux también ...