Conmemoración. (Ozan Kose/AFP/Getty Images)
Conmemoración. (Ozan Kose/AFP/Getty Images)

Aunque parezca que el proceso de normalización está estancado, se han tomado medidas importantes para capear el temporal.

Es evidente que este año, en el que se conmemora el centenario del genocidio armenio, es crucial para Turquía. Como han confirmado los acontecimientos recientes, entre ellos la declaración del papa Francisco y la resolución del Parlamento Europeo, el Gobierno turco está capeando un temporal de atención negativa por parte de los medios de comunicación internacionales y unas presiones sin precedentes.

Sin embargo, en muchos sentidos, la reacción desmesurada del propio Ejecutivo de Turquía ha sido la que ha exacerbado la situación. Por ejemplo, se ha desaprovechado una oportunidad cuando el presidente armenio recibió una insólita invitación de su homólogo turco para asistir a una ceremonia especial por el 100º aniversario de la campaña de Galípoli en la Primera Guerra Mundial.

Aunque la invitación era una más en el centenar largo enviado a los líderes de todo el mundo, el gesto habría proporcionado una nueva apertura diplomática al estancado proceso de normalización entre Turquía y Armenia. Y habría sido la continuación de la visita del ministro de Asuntos Exteriores armenio a Ankara en agosto de 2014 para asistir a la toma de posesión del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. La presencia del ministro armenio fue importante, a pesar de que Turquía aún no ha establecido relaciones diplomáticas con el país vecino ni ha abierto la frontera.

En otras circunstancias, la invitación habría podido constituir una nueva oportunidad para el diálogo diplomático, aún más necesaria dada la ausencia de relaciones diplomáticas entre los dos países. Pero la celebración de Galípoli no puede ser más inoportuna.

De hecho, en lo que parece una reinterpretación muy selectiva de la historia, el Gobierno turco ha organizado las ceremonias para recordar Galípoli para ...