Fronteras tan desiguales como la que separa a las dos Coreas, la de Estados Unidos y México o la de España y Marruecos son frecuentemente mencionadas por el inmenso contraste que ilustran. Pero hay fronteras aún más desiguales y de las que se habla mucho menos.

Arabia Saudí-Yemen

Refugiados yemeníes cruzan la frontera con la provincia saudí de Jizan. AFP/Getty Images
Refugiados yemeníes cruzan la frontera con la provincia saudí de Jizan. AFP/Getty Images

Uno es el primer productor mundial de petróleo, y el otro, a pesar de su cercanía geográfica, tiene unas parcas reservas de crudo que podrían agotarse en pocos años; uno tiene un PIB per cápita de unos 25.850 dólares, mientras que el otro no llega a los 4.000. El primero, Arabia Saudí, es la figura central de la OPEP, el socio indispensable de Washington en la Península Arábiga; es también el país que puede permitirse tener el mayor gasto militar por habitante del mundo. El segundo, Yemen, con el que comparte una larga frontera, es el Estado árabe más pobre, está desestabilizado por movimientos rebeldes que han tomado parte de la capital, y constituye una base inmejorable para Al Qaeda.

Riad, consciente del polvorín que tiene en su frontera meridional, ha tratado de impedir que la inestabilidad yemení se vierta en su territorio, y de ahí la existencia de un muro de separación erigido en ciertos tramos de frontera. Arabia Saudí también ha probado fórmulas más constructivas, como la asistencia financiera a Yemen, pero esta última ha sido en gran parte suspendida por el aumento del poder de los rebeldes houthis, quienes, por su condición de chiíes y aliados del archienemigo de los saudíes (Irán), amenazan con el estricto orden suní que Riad propugna en Yemen.

Alrededor de un millón de yemeníes vive y trabaja en el rico país vecino, pero lo hacen en los escalafones más bajos. Además, ...