Tropas rusas marchando en la Plaza Roja de Moscú conmemorando la victoria en la Segunda Guerra Mundial. KIRILL KUDRYAVTSEV/AFP/Getty Images
Tropas rusas marchando en la Plaza Roja de Moscú conmemorando la victoria en la Segunda Guerra Mundial. Kirill Kudryavtsev/AFP/Getty Images

Un repaso a las ideas preconcebidas y las realidades sobre el poderío del Ejército ruso, así como su papel en Ucrania.

 

“Rusia vuelve a ser una superpotencia”

No exageremos. Aunque vivimos en un mundo multipolar, donde la diferencia de poder entre Estados Unidos y otras potencias está reduciéndose, Moscú sabe que no sería capaz de disputar a Washington la supremacía global. No sólo por falta de recursos, sino porque nos encaminamos a un mundo cada vez más fragmentado en bloques regionales y donde será más difícil que surja un liderazgo común (o directamente no habrá superpotencias tal y como las conocemos).

El objetivo del presidente ruso, Vladímir Putin, desde su llegada al poder en 2000, ha sido menos ambicioso: frenar el declive en el que estaba inmerso su país tras el hundimiento de la URSS, para recuperar después el estatus de gran potencia (junto con China y otros países) y potencia regional (en el espacio exsoviético) que históricamente siempre había ocupado. El poder militar ha sido un símbolo clave de este resurgimiento; en especial desde la segunda guerra de Chechenia, donde el Ejército ruso aplicó las lecciones de sus anteriores derrotas para adaptarse a una lucha contrainsurgente.

No obstante, aunque su presupuesto de defensa (descontando la inflación) se ha duplicado en la última década, el gasto militar ruso está aún muy alejado del de sus principales competidores: sólo un 4,8% del total mundial, en comparación con EE UU (34%) o China (12%). Además, sus planes de modernización parecen insostenibles en un contexto de caída de los precios del petróleo que ha golpeado seriamente a su economía. Cabe cuestionarse si es más prioritaria la construcción del tanque T-14 Armata ...