Un grupo de activistas se manifiestan contra Donald Trump frente a la sede de Goldman Sachs en Nueva York, EE UU. (Drew Angerer/Getty Images)

Tras los acontecimientos políticos vividos en el país en el último año, lo que ha quedado patente es que los partidos políticos en EE UU no cuentan mucho. Los grupos activistas pueden representar un movimiento de resistencia a Donald Trump mucho mayor que la oposición política. ¿Ha llegado su momento?

El activismo suele alimentarse de la ira. Tanto el Partido Demócrata como el Republicano tratan de mantener a sus votantes interesados entre una elección y otra, pero nadie ha conseguido involucrarlos verdaderamente, aparte de los más comprometidos, cuando no hay nada por lo que indignarse. Era previsible que los demócratas se durmieran en los laureles durante los años de la presidencia de Obama, igual que habían hecho los republicanos durante la época de Bush. Salimos a la calle cuando estamos enfadados, y el activismo, muchas veces, es una especie de terapia.

En la noche de las elecciones y al día siguiente, cuando quedó claro que Donald Trump iba a ser el presidente de Estados Unidos, vi que mis amigos de Facebook, mayoritariamente de izquierdas, adoptaban un tono cada vez más histérico. Un sondeo reciente del Washington Post muestra que el 40% de las mujeres demócratas y el 43% de los demócratas menores de 50 años se proponen estar más activos en política este año, frente al 25% de los estadounidenses, en general, y el 21% de los independientes y los republicanos.

Provocar un cambio político es difícil. Para empezar, porque no todo el mundo está de acuerdo en qué debe y qué no debe cambiarse. Pero también porque exige utilizar muchos métodos diferentes para presionar de forma directa e indirecta a los legisladores: acciones legales, trabajo ...