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Tren en la estación de Belgrado con destino a Mitrovica (en Kosovo) cuyo exterior está forrado con un cartel que dice en distintos idiomas "Kosovo es Serbia". Oliver Bunic/AFP/Getty Images

He aquí los tres posibles escenarios en las relaciones entre Prístina y Belgrado: desde el mantenimiento del status quo, negativo para las expectativas de ambos países de ingresar en la UE, hasta la normalización de las relaciones con o sin reconocimiento y el reconocimiento mutuo con ajuste de fronteras. ¿Cuál de todos ellos tiene más posibilidades de hacerse realidad?

Kosovo proclamó su independencia hace 10 años, y durante los últimos siete ha estado envuelto en un diálogo bastante improductivo con Serbia, que no ha desembocado en la plena normalización de las relaciones entre los dos países. Ha habido ciertas mejorías, sobre todo respecto a la integración de los serbios que viven en Kosovo en las instituciones políticas kosovares y el alivio de las tensiones étnicas, pero continúa en el limbo a propósito de su carácter de Estado y su estatus internacional. Ese es el motivo de que la normalización de las relaciones entre ambos siga siendo una prioridad para la Unión Europea, como quedó estipulado en la reciente estrategia de ampliación de la Comisión Europea y, aparentemente, también para Estados Unidos. La posición de Rusia es más ambigua y, hasta ahora, Moscú ha dicho repetidamente que estará de acuerdo con cualquier solución que acepte Belgrado.

Hace cinco años Kosovo y Serbia firmaron el Primer Acuerdo sobre los principios rectores de la normalización de relaciones —conocido como el Acuerdo de Bruselas—, bajo los auspicios de la UE. Este documento estableció los parámetros para integrar el norte de Kosovo, de mayoría serbia, en el marco legal de Kosovo, además de reforzar los derechos de los municipios dominados por los serbios —también, ...