Votantes en California, Estados Unidos, noviembre de 2014. AFP/Getty Images
Votantes en California, Estados Unidos, noviembre de 2014. AFP/Getty Images

¿Qué lleva a una persona a votar? ¿Qué probabilidad existe de que se decante por un candidato u otro? ¿Qué tipo de mensaje surtirá mayor efecto a la hora de movilizar a los electores?

Victory Lab. The Secret Science of winning campaigns

Sasha Issenberg

Broadway Books, Nueva York, 2012

En la obra Victory Lab. el periodista especializado Sasha Issenberg acentúa cómo quienes se dedican a explicar la política -desde los propios políticos hasta los asesores y medios de comunicación- sienten fascinación por las conclusiones claras: las elecciones se deciden por personalidades carismáticas, maniobras estratégicas, el poder de la retórica o el momento histórico. Las explicaciones se amparan en teorías amplias ya que ofrecen una comodidad narrativa, a diferencia de una explicación más sincera que reconocería que los comicios dependen de las motivaciones de los millones de seres humanos y sus desordenadas, ilógicas y a menudo desconocidas psicologías.

El arte político se nutre de esa ambigüedad, según Issenberg, y permite que casi cualquiera que participe en una campaña pueda otorgarse el mérito de obtener buenos resultados o señalar culpas ante malos resultados, confiados en la dificultad de poder demostrar lo contrario. Y es que la industria encargada de ayudar a los estadounidenses a elegir a sus líderes ha ido creciendo en la última década hasta generar un gasto de unos 6.000 millones de dólares por año. Sin embargo, destaca el autor, seguía caracterizándose por ser una industria incapaz de aprender de sus éxitos o sus fracasos, donde primaba la tradición y la inercia y donde dos o tres puntos porcentuales se convertían rápidamente en componentes indispensables de una fórmula de la victoria.

A través de las diferentes campañas electorales estadounidenses, Issenberg muestra con meridiana claridad cómo los agentes externos han ...