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Habitantes de Yemen recogen agua de un pozo en la zona norte del país. ESSA AHMED / AFP

La región de Oriente Medio y el Norte de África es la que sufre más escasez de agua en el mundo. Esta insuficiencia tiene una enorme capacidad desestabilizadora ya que puede tensar la relación entre los gobiernos y los ciudadanos y puede aumentar el riesgo de conflictos armados. La situación actual demuestra que los gobernantes aún no han hecho frente como es debido a esta problemática.

Casi dos tercios de los habitantes de la región MENA viven en áreas que no tienen suficientes recursos hídricos renovables para sostener los niveles actuales de actividad y desarrollo. Los modelos meteorológicos son cada vez más erráticos, las poblaciones no dejan de crecer y las tensiones transfronterizas se desbordan. Si a estos factores se añade el acceso limitado al agua, es inevitable que haya más inestabilidad en la región, una inestabilidad que seguramente adoptará estas formas: más desplazamientos de población, dentro de cada país, en toda la región y fuera de ella, por ejemplo hacia Europa; agitación social interna; conflictos entre países vecinos; y un entorno natural cada vez más degradado.

La geografía no es el único factor; también cuentan la gobernanza y la política. Pocos gobiernos de la región han elaborado y puesto en marcha planes para mitigar los efectos de la escasez de agua, que son cada vez más graves. En la mayoría de ellos, el agua sigue teniendo unos precios muy bajos, lo cual incentiva su consumo excesivo. Aunque algunos países han tomado medidas positivas para abordar varios aspectos del problema, todavía hay demasiados que tienden a hacer meros apaños.

La situación no es inevitable, en absoluto. Para resolverla, los Estados de la región MENA deben adoptar una estrategia integral y de conjunto ...