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Un hombre pasa cerca de una bandera del Movimiento de Liberación de Azawad pintada en una pared, ciudad de Kidal, norte de Malí. Kenzo Tribouillad/AFP/Getty Images.

¿Un paso hacia el fin del conflicto en el país africano?

Malí se recupera lentamente de la violenta ocupación islamista de su mitad septentrional y del golpe de Estado militar de 2012. Con el “Acuerdo para la paz y la reconciliación en Malí” entre el Gobierno y los rebeldes tuaregs, el país entra en una nueva fase para recuperar la paz y la estabilidad en el norte. El camino no es fácil y prueba de ello son los más de 50 años de conflicto secesionista e intercomunitario que conoce esta región. Este acuerdo cobra aún más relevancia por los problemas de terrorismo, violencia y déficit de desarrollo que emanan de esta zona del Sahel, que son una amenaza de enormes consecuencias no solo para el propio Malí, sino también para los Estados vecinos y Europa.

El acuerdo se ha gestado durante más de ocho meses en la capital argelina gracias a la labor de mediación de Argelia y de la comunidad internacional, especialmente interesada en contener la actividad terrorista en los últimos años. Sin embargo, no es el primer intento de llegar a la paz. Anteriormente, una nutrida lista de acuerdos sucedieron a las constantes sublevaciones tuaregs en la zona de Kidal, en el extremo noroeste del país. Estos nunca han llegado a cumplirse de una manera efectiva, contribuyendo así al incremento de la frustración e irritación de una parte de la comunidad tuareg que acumula una larga historia de rebeliones contra la autoridad central de Bamako desde 1962.

La mitad norte de Malí sufre una situación precaria desde hace décadas. El espacio es habitado por un gran número de minoría étnicas que han ...