Un niño de la comunidad Samburu pastorea en las tierras desérticas en Kenia. (TONY KARUMBA/AFP/Getty Images)

¿Podrían servir de modelos de cooperación Sur-Sur las experiencias china y africana en su lucha contra la desertización?

Resulta extraño en los tiempos que corren hablar de las murallas y muros más allá del propio hecho de ser auténticos obstáculos al libre movimiento de las personas. Entre otros ejemplos, los más ilustrativos son los existentes en la frontera entre México y EE UU, el Sáhara, India-Pakistán, Ceuta y Melilla o Mozambique-Zimbabue-Botsuana.

Sin embargo, es posible acercarse a la idea de las murallas bajo un prisma diferente, dentro del ámbito medioambiental, como reflejo de la férrea voluntad de lucha de las comunidades y naciones afectadas en la mejora de sus condiciones de vida. El avance de los desiertos y el propio proceso de desertificación es el resultado de una combinación de factores sociales y naturales. Destacan las prácticas agrícolas irracionales, el pastoreo imprudente, la gestión ineficaz del agua, la intensidad en los procesos de urbanización o la reducción de los espacios boscosos que provocan la destrucción de áreas naturales que pasan a convertirse en auténticas autopistas por donde avanza la arena y con ella el desierto. Países como México, Brasil, Chile, Afganistán, Somalia, Egipto, China o Estados Unidos se han visto severamente afectados por este fenómeno. Además, este tiene una incidencia especial en países con unos índices de desarrollo humano muy bajos, con un mínimo grado de resistencia frente a esta realidad.

Proyecto en Kenia del Cinturón Verde. Cortesía de Green Belt Movement

Existen ejemplos positivos, como es el caso de Kenia que cuenta con el Movimiento Cinturón Verde, puesto en marcha por la política y activista Wangari Maathai; el de Filipinas con la iniciativa nacional de reforestación; el programa Appalachian Region Reforestation Initiative ...