¿Podría traer la elección de Pedro Castillo un futuro positivo y próspero para el país andino? Un repaso a la historia reciente peruana para entender los desafíos y oportunidades a la vista.

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Pedro Castillo en Lima, Perú. Raul Sifuentes/Getty Images

El 6 de junio, el pueblo peruano acudió a las urnas durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales para elegir entre dos candidatos que representan posiciones extremas. Sin embargo, Keiko Fujimori, aspirante a la presidencia por tercera vez, siguió siendo impopular entre la mayoría de los peruanos. Se postuló basándose en la promesa de ejercer una mano dura contra el crimen y de continuar con el apoyo a las políticas económicas neoliberales que su padre, el ex presidente Alberto Fujimori, encabezó durante la década de los 90—políticas que muchos creen han sido clave para los recientes éxitos económicos de Perú. Su contrincante es Pedro Castillo, un maestro de escuela primaria y líder de una facción del sindicato radical de maestros del país, el Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (SUTEP), proveniente de la empobrecida provincia norteña de Cajamarca. Castillo se postuló como candidato de Perú Libre, un partido cuyo líder, que no es el propio Castillo, es un declarado marxista-leninista. La plataforma de la formación política apoya causas como la nacionalización de las minas y tiene peticiones como la de una convención constituyente que amplíe el papel del Estado para abordar de manera más eficiente las necesidades de los marginados y los pobres. Esta elección polarizada —entre una derecha potencialmente autoritaria (representada por Fujimori) y una izquierda socialista empoderada (representada por Castillo)— fue descrita como una opción entre la espada y la pared para los peruanos el día 6 de junio.

¿Cómo surgió esta angustiosa elección? ¿Y qué significa la aparente, y extremadamente ajustada, victoria de ...