Un escenario político fragmentado en vísperas de las elecciones presidenciales plantea un futuro incierto y preocupante en el país latinoamericano.

Outsider es la palabra más popular de la política peruana. “¿Quién cree usted que será el próximo outsider?”, la más popular de todas las preguntas. Se la plantean con pánico los grandes empresarios y con gustoso malhumor los pobres. Los peruanos llaman de este modo al candidato sorpresa de cada elección, a ese personaje que en cuestión de semanas pasa de ser un honorable desconocido a presidente de la República o alcalde de Lima. Dos premisas descansan bajo la pregunta sobre el outsider. De un lado, que ante la ausencia absoluta de partidos políticos, en Perú una elección es una competencia entre individuos que no dependen de sus ideas u organizaciones, sino de su buena o mala estrella; del otro, que la política peruana es una caja de sorpresas igualmente indescifrable para científicos sociales que para chamanes. Y la presente campaña para elegir presidente el próximo 10 de abril le confirma a los ciudadanos la más arraigada de todas sus certidumbres: que la política peruana es el reino de la incertidumbre.

Según las encuestas, cinco candidatos presidenciales disputan apretujados el liderazgo de los comicios. El primero y el quinto no están separados por más de seis o siete puntos, por lo cual en cada encuesta el orden de estos candidatos varía y quien estaba primero en una es tercero en otra y el último en aquel sondeo aparece segundo en uno alternativo. Es decir, parecieran subir y bajar impulsados por el margen de error que cargan todas las encuestas. Lo único seguro es que el primero (sea quien sea) tiene alrededor de 21% de intención de voto y el último (sea quien sea) alrededor de 15%. Imposible saber ...