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Un niño soldado liberado de la zona de guerra en la región de Yambio, Sudán del Sur. (STEFANIE GLINSKI/AFP/Getty Images)

Tras la Guerra Fría, los conflictos asimétricos se multiplicaron y, en paralelo, la utilización más cruel de una infancia desprotegida. A pesar de los esfuerzos de la comunidad internacional y de las organizaciones regionales por erradicar esta violación de los Derechos Humanos, la infancia continúa siendo usurpada a miles de niñas y niños a los se llega a considerar como una inversión más que rentable para sustentar guerras, mantener campamentos o nutrir batallones.

“No hay conflicto en el mundo que no utilice niños soldados como su sistema armamentístico principal”. Con esta dureza y rotundidad se dirigió al Pleno del Comité de Asuntos de Veteranos de Guerra de la Cámara de los Comunes canadiense el Coronel Roméo Dallaire. Los tiempos, al igual que el protagonista, no son secundarios aquí: el Parlamento acababa de aprobar días antes, en ese mismo mes de marzo de 2017, la doctrina única “React first”; un texto pionero en el que se daban las pautas para que el Ejército canadiense pudiera afrontar la posibilidad de encontrarse en el campo de batalla con niños utilizados como soldados, una posibilidad que se puso sobre la mesa cuando Canadá barajaba participar en el conflicto de Malí. En esta contienda, que comenzó en marzo de 2012 tras un golpe militar, UNICEF ya en julio de ese mismo año reportó al menos 175 casos de menores (entre 12 y 18 años) que habían sido reclutados por la fuerza.

Precisamente, fue Dallaire quien trabajó junto al Ejército de su país en sacar adelante las pautas contenidas en “React First”, tras dos años demandado al gobierno de Canadá un texto para proteger a los niños en conflicto y que tratara “una ...