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Antena de televisión instalada con energía solar en una aldea de Takpapieni, Togo. (PIUS UTOMI EKPEI/AFP via Getty Images)

¿Cuáles son los retos de la cooperación descentralizada?

Uno de los efectos de la crisis económica fue el coma profundo de la cooperación. De los casi cuatro mil millones de ayuda al desarrollo que aportaba AECID, se pasó a menos de mil setecientos en 2017, con una leve recuperación posterior. Y casi nadie dijo nada. No me entendáis mal, los sospechosos habituales se quejaron, las ONG pusieron el grito en el cielo y se escribieron algunas columnas en blogs periféricos de publicaciones progresistas. Pero en términos generales, a nadie pareció importarle que el Gobierno aniquilase la solidaridad pública. Al mismo tiempo, la cooperación descentralizada, la desembolsada desde entidades regionales y locales, tuvo un desempeño desigual a lo largo de la crisis, empujada especialmente por algunas comunidades autónomas con un arraigado discurso histórico. Tras este recorte de fondos subyace además un cuestionamiento del propio sistema y, tras la irrupción de Vox y su influencia determinante en ciertos gobiernos regionales, este argumento ha atacado a la base de flotación de la cooperación descentralizada cristalizado en el mantra: hay que acabar con los chiringuitos.

El discurso del chiringuito ha calado en una parte sustancial de la población muy proclive ya a concebir al Estado como una maquinaria ineficiente y clientelar que trabaja para sí mismo. Para sostener esta posición ideológica, la razón ha vuelto a hacer de jefe de prensa de las emociones y ha construido un argumentario que establece que las ONG son ineficientes, responden a los intereses ideológico/políticos de los gobernantes y que solo sirven para generar redes clientelares de apoyo y, con este, ha intentado arrastrar a todo el modelo de la ayuda de las entidades regionales y locales. ...