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¿Está la geopolítica presente en el anhelado proceso de descarbonización del planeta?

Las energías renovables son percibidas en la actualidad como la respuesta más efectiva a los retos y desafíos asociados con el actual modelo de desarrollo económico internacional, basado en la producción y consumo de los recursos fósiles. En este sentido, se comprenden como la solución que permitiría enfrentar de forma efectiva los efectos nocivos que el cambio climático está teniendo sobre los ecosistemas del planeta.

Por lo tanto, parece que no es posible plantear mayores objeciones a la transición energética de las energías fósiles hacia las energías renovables. Sin embargo, el cambio de modelo implica también tener presentes otras dimensiones que a menudo no son tan evidentes cuando se habla de energías renovables.

Entre estas dimensiones opacas podríamos mencionar la dimensión geopolítica que plantea un nuevo modelo energético. En un orden jerárquico internacional en el que los recursos naturales se traducen en capacidades materiales que han permitido el desarrollo de modelos de civilización, es comprensible que las energías renovables constituyan un reordenamiento del status quo energético vigente e introduzcan alteraciones en las relaciones internacionales, tal y como las conocemos hoy en día.

Aún así, en medio de los cambios resultantes de la implantación de un nuevo modelo energético, lo que permanecería constante en el escenario geopolítico es la utilización de las fuentes de energía como un instrumento de poder.

Sobre este particular, al igual que sucede con las energías fósiles, permanecen como variables la distribución espacial de los recursos naturales, la posición de los actores dentro del nuevo modelo (ya sean productores de energías renovables, consumidores de éstas o que converjan en una tercera categoría como prosumidores), los riesgos derivados del acceso a las nuevas tecnologías necesarias para el desarrollo del sector de las renovables y ...