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¿Qué postura debería tomar Europa respecto a este proyecto de integración económica impulsado por Rusia y otros países postsoviéticos? He aquí algunos dilemas y opciones.

La Unión Económica Euroasiática (UEE), creada en 2015 por Rusia, Kazajistán, Kirguizistán, Bielorrusia y Armenia, presume de ser la primera iniciativa postsoviética que ha logrado derribar las barreras comerciales y promover la integración en una región fragmentada y subdesarrollada. Sus partidarios alegan que puede ser un mecanismo de diálogo con la Unión Europea y otros interlocutores internacionales; sus detractores hablan de un proyecto desestabilizador que aumenta el dominio de Moscú en la región y limita las relaciones de los demás miembros con Occidente. Para la UE, el proyecto es un desafío a las decisiones soberanas de sus vecinos del este. Las posturas se endurecieron después de que, en 2013, Armenia abandonara el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea —que incluía el Acuerdo sobre la Zona Profunda y Completa de Libre Comercio— y de que Rusia se anexionara Crimea.

En teoría, la UEE es un proyecto económico y tecnocrático que proporciona ciertas ventajas a sus miembros, sobre todo porque facilita el comercio transfronterizo y la circulación de la mano de obra, pero también tiene riesgos económicos, porque eleva los aranceles externos y puede hacer que las economías se alejen de los mercados mundiales. Hasta ahora, ha tenido escaso éxito económico, si bien el acceso al mercado de trabajo de Rusia ha sido un incentivo importante y, en conjunto, un elemento positivo para las economías postsoviéticas en dificultades. Con las disputas comerciales, los regímenes de sanciones y la crisis económica regional, las transacciones dentro de la UEE cayeron un 26% en 2015. Pero los más optimistas aseguran que la situación legal de los inmigrantes dentro del bloque ha mejorado y que la armonización de las barreras ...