Activistas paquistaníes protestan contra la pena de muerte en Islamabad, octubre 2015. Aamir Qureshi/AFP/Getty Images
Activistas paquistaníes protestan contra la pena de muerte en Islamabad, octubre 2015. Aamir Qureshi/AFP/Getty Images

Los patíbulos paquistaníes se han empleado a fondo en el último año, convirtiendo al país en el tercer ejecutor del mundo tras China e Irán.

Las cifras hablan por sí solas: entre 2007 y 2014, en Pakistán fueron ejecutadas en la horca 179 personas; desde finales de 2014 hasta la publicación de este artículo la cifra supera las 270, y es de esperar que sobrepase las 300 para final de año. Pero, ¿a qué es debido esta repentina oleada de ejecuciones?

A finales de 2008, el recientemente elegido Gobierno del Pakistan People’s Party (PPP) estableció una moratoria en las ejecuciones, aunque no así en la aplicación de la pena de muerte como sentencia judicial. Con la llegada al poder de la Pakistan Muslim League-Nawaz (PML-N) tras las elecciones de mayo de 2013, la moratoria se mantuvo extraoficialmente, si bien se llevaron a cabo una decena de ahorcamientos hasta finales de 2014.

En diciembre de ese año un grupo de terroristas de la organización Tehreek e Taliban Pakistan (TTP) asaltó una escuela en la ciudad de Peshawar dejando 141 muertos, 135 de ellos niños. Al tratarse de una escuela del Ejército, la inmensa mayoría de los fallecidos eran hijos de militares. La salvaje acción de TTP supuso un antes y un después en la política antiterrorista y de seguridad en Pakistán. Uno de los primeros anuncios del primer ministro, Nawaz, fue el levantamiento inmediato de la moratoria sobre las ejecuciones para casos de terrorismo.

Las primeras ejecuciones tras el levantamiento de la moratoria fueron llevadas a cabo por los militares en lo que parecía un claro mensaje, tanto para los terroristas como para la propia institución militar, que veía reforzada su moral tras el ataque talibán. Los ...