En el capítulo final de su obra maestra, Muerte y vida de las grandes ciudades americanas, la urbanista norteamericana Jane Jacobs compartió una reflexión que aún sigue vigente y resulta especialmente oportuna en el contexto en el que vivimos. Jacobs decía que, a pesar de que las ciudades fueron en otros tiempos las víctimas más afectadas por las crisis y las enfermedades, terminaron convirtiéndose en las “grandes conquistadoras” de estas dificultades, pues ellas concentran las grandes infraestructuras, avances tecnológicos e innovaciones para hacer frente a todos estos retos.

La Covid-19 ha tenido un impacto indudable sobre la vida urbana a nivel mundial, pero antes de la pandemia ya vivíamos una crisis muy compleja que no se nos puede olvidar: el cambio climático. En los últimos años, hemos sido testigos de un aumento de las temperaturas medias, una disminución de los recursos hídricos naturales y una subida significativa del nivel del mar. Las estrategias de adaptación al cambio climático buscan limitar los riesgos derivados de estos efectos, tales como su impacto en la salud, calidad de vida y la seguridad alimentaria.

En una región cuyo 80% de la población se concentra en áreas urbanas, las ciudades de América Latina no solo juegan un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático, sino que son especialmente vulnerables a los extremos eventos meteorológicos, climáticos e hidrológicos que se desprenden de esta crisis ambiental. Las urbes son responsables de cerca del 76% del consumo energético de la región, y se estima que se requieren unos 110 mil millones de dólares a año para adaptarlas a los efectos del cambio climático.

La pregunta es, ¿qué están haciendo las ciudades latinoamericanas para adaptarse a esta crisis? A continuación, les presentaremos una lista de cinco ciudades que están dando pasos en la dirección correcta.

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