Un hombre camina delante de un grafiti en Detroit, EE UU. Jewel Samad/AFP/Getty Images)
Un hombre camina delante de un grafiti en Detroit, EE UU. Jewel Samad/AFP/Getty Images)

El espacio urbano es un claro escenario de conflicto entre la economía y la ciudadanía. Los anhelos del ciudadano vs los intereses de los especuladores.

En un tiempo en que ya ningún rincón de nuestro planeta queda inexplorado, y sin explotar, resulta sorprendente observar que sólo entre el 1% y 3% del territorio global –el ocupado por las ciudades– se puedan estar jugando las cartas del devenir de la humanidad, pero así es. En los espacios urbanos, donde hoy vivimos más de la mitad de las personas que habitamos este planeta, se consume el 70% de la energía y se genera el 80% de los gases de efecto invernadero, como refleja el último informe del Worldwatch Institute. Y ello constituye sólo una parte de la insostenibilidad de un metabolismo humano global que nos sitúa hoy en una crisis civilizatoria, en la medida en que la forma en la que los seres humanos nos relacionamos con la naturaleza, pero también entre nosotros mismos, está socavando las bases materiales que permiten mantener la vida, y están conduciendo a una situación de quiebra social y de colapso ecológico.

Las ciudades constituyen igualmente un espacio en el que se hacen claramente palpables las desigualdades existentes en toda una variedad de planos: en la distribución crecientemente desigual de las rentas y las riquezas, pero también en términos de acceso a servicios sociales; de tiempos de trabajo (incluidos aquellos de cuidados no remunerados pero que son esenciales para la vida); de exposición a la contaminación y a elementos tóxicos; de vulnerabilidad ante impactos climáticos, económicos o de cualquier otro tipo, etcétera. Sólo en el plano de los ingresos, hoy, tres de cada cuatro ciudades del mundo tienen niveles más altos de ...