Una mujer pasea por el canal de agua de Cheonggyecheon en Seul, Corea del Sur. (Ed Jones/AFP/Getty Images)
Una mujer pasea por el canal de agua de Cheonggyecheon en Seul, Corea del Sur. (Ed Jones/AFP/Getty Images)

Cada vez son más las urbes que luchan por convertirse en ciudades sostenibles, pero ¿se está trabajando más allá de la eficiencia?

Parece que vamos dejando atrás la inacción, los tiempos del diagnóstico y el análisis de escenarios para entrar en un momento de ejecución tangible de medidas y proyectos. Este sería un buen resumen de la percepción que se tiene desde diferentes estamentos y ópticas sobre la evolución de nuestras ciudades en la esfera mundial. Pero ¿porqué se respira esta sensación de avance?

Quizás la respuesta más inmediata sea referirnos al hecho de que el tiempo es, posiblemente, el recurso más limitado del que disponemos frente al cambio global, esa combinación de crisis ambiental, social y económica que arrastramos desde hace ya unas décadas y cuyo último coletazo ha sido la crisis financiera de 2008. Si el planeta padece desigualdades sociales cada vez más acentuadas, desequilibrios territoriales, escasez de recursos y graves efectos por el cambio climático, es en las ciudades donde se acentúan más estas situaciones críticas.

No obstante, el cambio tiene dos velocidades y las transformaciones que estamos viendo en muchas ciudades no dejan de pertenecer a la “primera velocidad”, la que sólo requiere, por ejemplo, retoques en los sistemas de transporte, actuaciones sencillas sobre la calidad del espacio público, revisiones sobre la gestión de los espacios verdes, refuerzo en los sistemas de limpieza, creación de canales de participación ciudadana… Luego hablaremos de la “segunda velocidad” del cambio.

A pesar de todo, parece que por fin tenemos no sólo una hoja de ruta definida, sino también decenas de ciudades que ya están actuando con un objetivo común: mejorar la calidad de vida de las personas generando entornos urbanos más ...