EGE
Dos soldados franceses como parte de la misión de la UE Atalante anti-pirateria. (PIERRE VERDY/AFP/Getty Images)

Europa tiene que ser capaz de ofrecer una respuesta militar autónoma a los conflictos, crear espacios de protección y asistencia a las víctimas civiles, así como resolver el eterno dilema entre valores e intereses en la acción exterior.

Europa no lo tiene fácil. No remite, sino que arrecia, la crisis existencial a la que se refería Federica Mogherini, Alta Representante para la Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea, en la introducción a la Estrategia Global Europea (EGE) de junio de 2016. El Reino Unido entonces acababa de votar que no quería quedarse en la Unión; y hoy vemos cómo algunos otros países (o más bien sus gobiernos) no tienen problema en quedarse para dinamitar el proyecto europeo desde dentro.

El llamado grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) apenas oculta su objetivo de deconstruir Europa, y gobiernos como el austriaco o el italiano hacen alarde de su falta de solidaridad en relación, por ejemplo, con la solución del problema de los refugiados. Ciertamente, la EGE define nuevas amenazas híbridas, tan inasibles y efectivas como los ciberataques, y se esfuerza por explicar que ya no hay fronteras que valgan para delimitar la amenaza exterior de la interior, pero debería también decir que el bloqueo a las respuestas comunes agrava las amenazas que se ciernen sobre Europa. Por si fuera poco, la Administración Trump parece estar tomando partido por la des-Unión. No solo Trump, cuando era candidato a presidente, apoyó el Brexit, sino que  el Embajador estadounidense en Alemania, Richard Grenell, manifestó hace unas semanas que EE UU apoya a los “conservadores” europeos, en referencia a los gobiernos y movimientos antieuropeístas.

En los dos años transcurridos desde que la EGE vio ...