Un contenedor de basura en el Mercado Central de Buenos Aires, Argentina. (Eitan Abramovich/AFP/Getty Images)
Un contenedor de basura en el Mercado Central de Buenos Aires, Argentina. (Eitan Abramovich/AFP/Getty Images)

Es posible evitar el desecho excesivo de comida, pero es necesario algo más que la voluntad de los líderes de las ciudades latinoamericanas.

Imagina tirar tu almuerzo completo en el basurero todos los días. Suena absurdo, pero no está muy lejos de la realidad. Un tercio de toda la comida que el mundo produce nunca es consumida. Se pierde durante el proceso de producción o es desperdiciada por los comercios y los consumidores, a pesar de que 800 millones de personas luchan a diario para obtener suficiente alimento. La FAO reporta que tan solo la comida que se pierde o se desperdicia en América Latina podría alimentar a 300 millones de personas.

El costo en vidas humanas es lo suficientemente devastador, pero la pérdida y el desperdicio de comida le cuesta a la economía global 940 mil millones de dólares anuales (unos 850 mil millones de euros), además de ser un enorme problema ambiental. En total, el 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero que están calentando al planeta se atribuyen a la pérdida y el desperdicio de alimentos.

Las cifras son alarmantes. Pero con los desafíos vienen oportunidades. Hoy en día, Latinoamérica es la región más urbanizada del mundo (el 85% de su población vivirá en ciudades en el 2025) ubicando a la región en el frente de batalla para reducir el desperdicio de alimentos en el ambiente urbano.

En las ciudades, los comercios y los consumidores son el sector que más comida desperdicia por una variedad de razones. A medida que incrementan los ingresos, el costo relativo de los alimentos se reduce, lo que puede conllevar a que la gente compre más de lo que terminará consumiendo. La gente ...