Algunas ideas para entender y aplicar mejor las normas y propuestas que permitirían sacar el máximo partido al fenómeno migratorio.

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Una barca con migrantes se encamina a las costas españolas, septiembre 2018. MARCOS MORENO/AFP/Getty Images

La migración es tal vez el principal factor de desarrollo humano desde el inicio de los tiempos, aunque pueda convertirse en un reto, o llegar incluso a percibirse como amenaza desde el mundo desarrollado, si no sabe aprovechar sus beneficios. Los Estados en el marco de Naciones Unidas han negociado durante dos años el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, que será adoptado en Marrakech (Marruecos) en los próximos días. Aunque éste no establece obligaciones (solo recuerda las que ya existen y propone medidas voluntarias para cumplirlas mejor), los gobiernos de Estados Unidos, Australia y Hungría han decidido no firmarlo.

En el mundo hay cerca de 250 millones de personas que han cruzado la frontera con la intención de no volver. El cambio de residencia con el objetivo de trabajar en otro país es mutuamente beneficioso tanto para el migrante como para la sociedad de acogida, al menos en la gran mayoría de los casos. No debería ser tan difícil que fuera positivo en ambos sentidos y en todas las circunstancias. Para ello es preciso información veraz que sirva de base a la acción política, debate público y cooperación, además de un pequeño esfuerzo inversor y cierto grado de conciencia social sobre la necesidad de aplicar las normas internacionales, y sobre todo las propias leyes, con sentido común. El pacto propone, por un lado, crear rutas regulares para la migración que faciliten la movilidad laboral y, por otro, acabar con las mafias de transporte internacional de personas; pero deberíamos ser conscientes de que no puede hacerse lo segundo sin haberse llevado ...