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Niños en Argelia vuelan una cometa. (Farouk Batiche/AFP/Getty Images)

He aquí una radiografía de la situación de los países de la región, cuáles son sus desafíos y qué futuro les podría esperar.

 

"Caminan hacia la democracia"

Más al contrario. En enero de 2011, una revuelta popular en Túnez, fruto de la indignación y la desigualdad social, desató una avalancha de protestas en todo el mundo árabe que sacudió y zarandeó los cimientos de un sistema, el de las dictaduras parlamentarias, que había dominado Oriente Medio y el Norte de África a lo largo del último tercio del siglo XX con la anuencia de las potencias mundiales. Al grito de "libertad, derechos y justicia social", las ahora marchitadas primaveras árabes sorprendieron al mundo y despertaron la ilusión de que la reforma y el cambio eran posibles. Siete años después es, sin embargo, una nueva y remozada forma de cesarismo la que cabalga por ambas regiones, subida a lomos de la guerra, los intereses de las potencias internacionales y el éxito de la contrarrevolución reaccionaria desencadenada por Arabia Saudí. Alarmada ante la posibilidad de que el triunfo del laicismo y de los movimientos moderados del islam político socavaran las bases del entramado radical wahabí sobre el que se sostiene, la familia real saudí reprimió primero, a sangre y fuego, el conato de insurrección popular que brotó en su sociedad y se aferró, después, a su cornucopia petrolera y a la influencia política, diplomática y religiosa que ésta le procura para truncar y revertir el tsunami libertario. En Siria, respaldando con armas y financiación a los grupos suníes de ideología radical salafí opuestos al régimen de Bashar al Asad; en Yemen apoyando el clientelismo de Mansur Hadi, un habitual en los palacios de Riad, y en Egipto favoreciendo el complot y la ...