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Un tren de carga sale de la central eléctrica de Eskom en Hendrina tras descargar su carga de carbón. MARCO LONGARI/AFP/Getty Images

Algunos gobiernos africanos buscan poner en marcha programas nucleares con el apoyo de China o Rusia como solución a la escasez energética del continente. Al mismo tiempo surgen voces críticas que defienden un modelo de producción basado en recursos naturales renovables de los que ya disponen, aunque en un futuro puedan no ser suficientes.

Hace falta una media de 3.000 kilovatios/hora por persona y año para tener lo que el Índice de Desarrollo Humano considera una buena vida. España, en 2014, superaba los 5.355 kWh. África subsahariana estaba por debajo de los 500 kWh por año. Esto se traduce en que alrededor de 600 millones de personas carecen de electricidad en el continente y tienen que recurrir a leña o carbón para cocinar y calentarse, lo que tiene a medio plazo un efecto pernicioso para la salud, las condiciones de vida y el medio ambiente.

De ahí que la Unión Africana haya situado el problema energético como uno de sus cuatro ejes del Programa de Desarrollo de las Infraestructuras en África (PIDA, en inglés). “Para contribuir al desarrollo socioeconómico del continente, el sector energético tendrá que superar el gran desafío de hacer que las formas modernas de energía sean accesibles y asequibles para los hogares y los sectores económicos del continente”.

El debate surge en cómo hacerlo. África cuenta con el 12% de la producción de petróleo mundial y el 9,5% de las reservas, así como el 6% y 8% respectivamente de gas natural, cifras que podrían multiplicarse tras los nuevos descubrimientos en Suráfrica y Mozambique. También cuenta con el 6% de las reservas de carbón y un potencial hidroeléctrico de un millón de gigavatios por ...