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Reparaciones en la ciudad de Namyang tras fuertes inundaciones, Corea del Norte. Zhang Peng/LightRocket via Getty Images

Corea del Norte suele ser noticia por temas de seguridad o de derechos humanos. El solitario régimen evita comprometerse con causas de la comunidad internacional, prefiriendo que se le conozca por su grandilocuencia y subversión. Poco se habla, sin embargo, de una amenaza que con rapidez se cierne sobre sus habitantes y que Pyongyang parece tomar cada vez más en serio: los efectos devastadores del cambio climático que, sumados a las sanciones económicas internacionales y a la falta de liquidez, están causando graves estragos en una nación de por sí aislada y empobrecida.

El cambio climático es ya una realidad, de cuyos efectos ningún país se salva. Sin embargo, hay Estados menos preparados que otros para hacerle frente: factores estructurales internos debilitan la capacidad de algunas naciones, no solo para ejecutar protocolos de acción rápida cuando ocurren eventos climáticos extremos, sino para reparar, en un corto plazo, los daños causados por estos y para aumentar constantemente la resiliencia frente a nuevos desastres naturales.

Este es el caso de Corea del Norte, país que, pese a contribuir de forma muy modesta al calentamiento global, es altamente vulnerable al mismo. La muestra más reciente es 2020, año que padeció varios meses de lluvias torrenciales que inundaron campos de cultivo y arrasaron a su paso con casas e infraestructura, así como sufrió una intensa sequía en los meses restantes. El año siguiente, la sequía fue el problema, junto con una mayor degradación de los bosques y erosión de la tierra cultivable. La forma más dramática en que esto afecta a los norcoreanos, además de las muertes inmediatas en las inundaciones, es poniendo en riesgo su de por sí precaria seguridad alimentaria.

Lamentablemente, las hambrunas no son ...