Populismo_México
Mexicanos que apoyan al nuevo Presidente Andrés Manuel López Obrador, Ciudad de México, junio 2018. Manuel Velasquez/Getty Images

El auge del populismo no se debe a las elecciones poco sofisticadas de los ciudadanos, sino a unos partidos tradicionales acomodados y que se han olvidado de una de sus funciones más importantes: la representación.

Desde hace ya años los temores al populismo y las acusaciones de sucumbir al mismo son parte cotidiana de las noticias o análisis políticos. Como muchos conceptos frecuentemente usados en discursos políticos, el término va perdiendo su claridad analítica y está convirtiéndose en un calificativo cuyo único objetivo es desacreditar al opositor. Es necesario reflexionar sobre por qué discursos o programas populistas son premiados electoralmente, pero antes debemos definir de manera clara a qué fenómeno político nos referimos.

El populismo es una ideología que postula la necesidad de ejercer la política como expresión de la voluntad general. El concepto de voluntad general es fundamento del contrato social de Jean-Jacques Rousseau, quien rechaza la intermediación en la política, y considera que una vez despojados de nuestras identidades particulares, actuaremos como un solo cuerpo, una sola mente y una sola voluntad, en busca del bien común. Rousseau plantea también que la acción de la voluntad general exige subordinar la minoría a las decisiones de la mayoría. En este sentido, es una ideología iliberal, que rechaza los mecanismos de limitación del poder (del pueblo), supremacía de la ley o los derechos de las minorías.

Como podemos observar, es una ideología que se limita a postular cómo ejercer el poder, sin determinar cuáles deben ser los contenidos o productos de las decisiones. De ahí que el populismo puede acompañar cualquier ideología, sea ésta de derecha o de izquierda, defienda la intervención amplia del Estado o pida la libertad absoluta de ...