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Mujeres de más de 40 organizaciones sursudanesas se manifiestan para expresar la frustración las mujeres y los niños en Juba. (Stefanie Glinski/AFP/Getty Images)

Las conversaciones para revivir el acuerdo de paz de 2015 en Sudán del Sur han vuelto a fracasar. La última ronda de negociaciones, celebrada en mayo en Addis Abeba, concluyó sin apenas avances. La Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD), el organismo regional apoyado por la comunidad internacional para liderar el proceso de paz, reconocía que el fin del conflicto, que ha dejado ya miles de miles de muertos y ha obligado a dejar sus casas a casi 4 millones de personas, está todavía demasiado lejos.

A pesar de los esfuerzos realizados hasta el momento por todas las partes no hay suficientes compromisos para superar las cuestiones pendientes en materia de gobernanza y seguridad”, afirman desde la IGAD. El escenario interno sigue encallado y si cabe más fragmentado. La bicefalia en el movimiento rebelde del SPLM-In Opposition (SPLM-IO) se ha traducido ya a su estrategia negociadora. La facción liderada por Taban Deng desde la escisión de 2016 –e integrada recientemente dentro del Gobierno de unidad nacional– veía con buenos ojos la propuesta de la IGAD por la que el Ejecutivo del dinka Salva Kiir ampliaría su poder hasta el 55% en la administración transitoria. Sin embargo, Riek Machar, el líder histórico de la oposición exiliado en Suráfrica, rechazaba cualquier acuerdo en el que este no recuperase su posición como vicepresidente en sustitución de Deng. Además, frente a la propuesta que reducía su poder en el nuevo Ejecutivo del 33% al 25%, la delegación de Machar, encabezada por Henry Odwar, exigía un reparto igualitario del 40% del poder ejecutivo y militar, con un 20% para los demás grupos rebeldes.

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Desplazados internos se manifiestan durante la visita ...