El país árabe celebra el quinto aniversario de la revolución en que los militares recuperaron el poder.

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Un joven egipcio en una calle de El Cairo decorada con imágenes del Presidente Al Sisi. Mohamed el Shahed/AFP/Getty Images

Para ser justos hay que decir que al golpe le precedieron protestas masivas. Los egipcios se echaron a la calle (si es que alguna vez se fueron) enarbolando carteles y banderas contra el islamista Mohamed Morsi. Le había durado poco más de un año el mandato al primer presidente elegido tras la revolución de enero de 2011 que derrocó a Hosni Mubarak. El dictador cayó, el régimen nunca se fue, y, entre bambalinas, los militares afilaban sus sables esperando el momento oportuno para volver a escena.

Los Hermanos Musulmanes, que consiguieron que su candidato se hiciera con el sillón presidencial tras años en la sombra, sufriendo represión y torturas, se lo pusieron en bandeja de plata. Aquel 30 de junio de 2013 decenas de miles de egipcios inundaron las calles de El Cairo, pedían la caída de Morsi, que había usado su año escaso en el poder para usar las herramientas del régimen como lo hizo su antecesor: para reprimir e imponer una Constitución sin consenso, decretos arrogándose poderes e inmunidad, una renovación de la judicatura sustituyendo fieles al régimen por acólitos de la hermandad islamista…

Los militares con Abdel Fatah al Sisi, entonces ministro de Defensa, a la cabeza dieron a Morsi un ultimátum para resolver la situación en la que las protestas habían derivado en enfrentamientos entre defensores y detractores de Morsi. O se apeaba del poder o lo apeaban. Fue lo segundo. El 3 de julio los militares declaraban tener una hoja de ruta y encarcelaban al presidente islamista. En el anuncio autoridades religiosas musulmanas y cristianas y figuras de ...