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Un soldado de las fuerzas de seguridad ucranianas en un navío en el puerto de Mariupol (Ucrania), Mar de Azov. (Martyn Aim/Getty Images)

¿Qué acciones podría realizar Europa para rechazar la nueva agresión de Rusia contra Ucrania?

“Crimea, Ucrania, Moldavia”. A finales de agosto de 2008, cuando las tropas rusas controlaban grandes franjas de Georgia, el ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchner, manifestó sus temores sobre los siguientes objetivos de Rusia. El ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, respondió acusando a su homólogo de tener una “imaginación calenturienta”. En retrospectiva, es posible que la imaginación de Kouchner no se hubiera calentado lo suficiente.

Unas cañoneras rusas, días atrás, abrieron fuego sobre un convoy naval ucraniano y embistió un remolcador, al que apresó a continuación, además de a dos cañoneras ucranianas. Los barcos viajaban desde los puertos ucranianos de Odessa, en el Mar Negro, hasta el de Mariopol, en el Mar de Azov. Los buques ucranianos estaban intentando atravesar el Estrecho de Kerch, que separa Crimea —bajo control ruso— de Rusia. El incidente representa una nueva fase en el nuevo frente —el marítimo— del conflicto entre Ucrania y Rusia, que tiene grandes probabilidades de acaparar la atención de Europa durante años.

En un viaje que hemos hecho, recientemente, a las ciudades y los pueblos ucranianos que bordean el Mar de Azov, comprobamos que la situación en tierra se ha estabilizado dentro de una calma relativa; ambos bandos se han afianzado en sus posiciones y han fortificado la línea del frente, de forma que un ataque, en estos momentos, tendría un coste humano muy elevado para cualquiera de los dos.

Ahora bien, la situación en el mar es muy diferente. Allí está todo preparado para que se desencadenen dos nuevas crisis que tendrán repercusiones en la seguridad de Europa: una, relacionada con ...